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POETA PERDIDO EN UNA ROCA
¡Isla!
Llegué a Isla una madrugada antes del viento; el trueno despertaba el rincón de la estancia, las proas apuntaban al infierno abismal de las aguas crispadas de Isla.
Marinos borrachos temblaban desnudos sin ancla alguna, su orfandad de horizontes, su gemido largo, sus silencios secos cruzaban el enredo de las palmas tronchadas.
Tropecé con la puerta del encierro, el crujido oxidado de los goznes viejos, la dolencia del árbol derrumbado, el ataúd de los proyectos agotados, la desolación de los pueblos bombardeados, el dolor de la guerra perdida, un reguero de esqueletos entre el agua y la piedra.
¡Oh callado llanto aquel temprano sentado a la puerta de un despojo¡ Solo Isla, sin alcobas, ni cocinas, ni salas de espera, ni un balcón al ocaso ni una ventana al alba...¡Solo Isla!
El frío aquel de pena en Isla cortaba tajos largos rojos en la escamosa piel reseca de la luna quebrada en un hastío.
La tonada de una cuita larga exhalaba susurros tendida entre caracoles muertos; en vaivenes apestosos trabajaban la noche con trabazón de remos entre las algas mústias las mareas negras de la noche larga.
Una hilera doble de cuchillos devoraba gaviotas abatidas; el sexo ya violado viajaba sabanas saladas; bañistas amanecidos marcaban altibajos rubios entre atajos de espuma y bajamar.
El viento no llegaba, la noche sentada en la alborada, el día atravesado en una estaca de angustias en una garganta seca, Isla asediaba los párpados abiertos, la partida de una espera de tedio, ...muerto yo, caminaba en despoblado la playa de Isla.
El funeral alargado de la sombra de rocas remontado en un faro de herrumbre y arena; el cinturón apretado de la angustia, la cintura quebrada, la hembra vencida, el espiral truncado de la entraña, región de celdas merecidas, cadena rota de un naufragio, en extraño terreno desolado.
¡Isla! ...frenesí de encuentros clandestinos, sepulcro de besos tallados en castillos de arena para un espasmo corto; reguero de sueños escarbados por los perros.
!Isla, parador de suicidas en vilo de dudas, largo trecho de anunciadas brumas, Isla donde saberse muerto!
¡Isla, desolada esquina, ¡Allí reía la noche esperando sentada la madrugada!, última jornada, pedazo muerto de continente habido, campo santo de cruces que jamás se alzaron, ni lápida siquiera a lo acabado, ni un rezo por el alma de lo ido!
¡Isla, lo tenebroso de haber llegado a lo más tenebroso de todo lo alcanzado! ¡Isla, lo triste de haber andado tanto, lo amargo de haber bebido tanto! ¡Isla, la soledad del desengaño, el clavo en la cruz del traicionado!
¡Isla, poniente y levante de viajero atribulado, impotencia de obstinado, negro archipiélago de dudas, playa de vendavales, orilla de monstruos marinos en atropello de centauros arenosos!
¡Isla, vencimiento de voluntades recias en absurdos desatinos de facultades muertas! ¡Varada está mi alma en Isla, ni roca ni arena, ni viento, solo Isla en un agujero de veleidosos tiempos!
JOSEPH BEROLO
Propiedad Registrada Permitida su reproducción Antologia. LA TIERRA PERDIDA
un fragmento de esta version fue publicada en Isla negra-revista
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